EN LA BATALLA DE LAS FLORES

«Sé de quien ha dejado un soneto sin el terceto último, por ir a averiguar en la Bolsa un asunto de tanto por ciento»
-Rubén Darío

martes

Je T'aime Moi Non Plus

Chanson française

Sentado mi abuelo en una silla extensible en el porche con la mar de periódicos por leer. Yo a un lado con una pila de cómics de Tarzán, Trucutú y el Pato Donald. Por la ventana que daba a la sala escapando una música entre melódica, nostálgica y melancólica de un cantante de voz grave. Es Aznavour, francés. ¡Ah! ¿francés, de Francia? Si chico. ¡Ah! ¿y Francia queda en París, verdad? No chico, París queda en Francia. ¡Ah! ¿y, París es la fábrica de bebés, verdad? Más o menos. Me quedaba claro que en París no solo fabricaban bebés, sino también música para abuelos. Me quedaba claro también que yo era francés, pues si las cigüenas salían de París a repartir bebés por el mundo, todos éramos franceses. Además me quedaba claro que cuando yo fuese abuelo, escucharía canciones de Aznavour. Me enteré luego que además de fábricas de bebés en París, o en Francia también producían perfumes y ropa de etiquetas y revistas de modas y libros de aventuras como Los Tres Mosqueteros y las sagas de Verne, y producían quesos y vinos y... que hasta los jumpinyac con los que caminé mis primeros pasos, eran zapatos franceses. La chanson française estaría esperándome en cada esquina por donde yo pasara. Una tarde en mi restaurante preferido después de algunas piezas de nuevo tango entre ruidos de cristalería sonaba “Non Je Ne Regrette Rien”, razón para regresar otra ocasión y dejarse llevar más allá de los ruidos de la cubertería en un barco que volaba a la Belle Epoque, y de esas nostalgias que no había vivido me quedaba la evocación para esperar a mi novia imaginaria mientras sonaba una cassette de Patricia Kaas. Esas canciones de amor que iba yo tarareando, de las que prefería “Mademoiselle Chante Le Blues”. Y del blues al jazz de Claude Nougaro, de Petrucciani a un Marc Moulin más electrónico, pero evocativo de la tradición si escuchaba “Comme a la radio”. Estaremos de acuerdo en la disparidad de gustos, para algunos amorosos la mejor chanson française es “La Vie en Rose” de Edith Piaf, para otrosMon Amie La Rose” en la voz de Françoise Hardy, aunque muchísima pero muchísima gente da sus votos a “Je T’aime Moi Non Plus” de Gainsbourg -cuestión de época-, y por algo será. A mí, por ahora, me han fascinado las canciones de Vanessa Paradis, antes estaba atrapado en las místicas de Enigma,que me gustaba escuchar mientras miraba por la ventana hacia las azoteas. Aunque para cambiar de tono escucho Danton Eeprom o cualquiera de esos inclasificables new wave, electros o simplemente pop-music de unos frances que cantan en inglés, español, chino o marciano. En definitiva la chanson française es eso, canción, y en realidad uno va y viene en el tiempo, así que vuelvo a eschuchar a Aznavour como vuelvo a leer Los Tres Mosqueteros. De vez en cuando, claro está.

para escuchar:

Danton Eeprom,

y

Vanessa paradis ...

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