EN LA BATALLA DE LAS FLORES

«Sé de quien ha dejado un soneto sin el terceto último, por ir a averiguar en la Bolsa un asunto de tanto por ciento»
-Rubén Darío

miércoles

Libros en isla desierta


Hay una pregunta cajonera que se repite como muletilla cuando ya el talento cojea, bien para hacer de entrevistador cool, o bien para maquillar un poco al embalsamado entrevistado. Se le sorprende a último momento: ¿Tres libros que usted llevaría a una isla desierta?

Por lo común el sorprendido interrogado se repite la pregunta como truco para ganar tiempo, pues, la estocada le llegó por donde menos se lo esperaba, dado que no ha vuelto tener ni un tan sólo volumen en sus manos –ni por decoración-, desde aquella secundaria donde leyó por obligación algún capítulo de la literatura universal y algún resumen fotocopiado de literatura nacional.

Carraspea la garganta para seguir ganando tiempo y en todo eso el listillo entrevistado recuerda que leyó en un magazine una sintética sinópsis de los recientes best seller puestos en el quiosco, en otro caso ha visto la versión fílmica del susodicho best seller y se atreve a valorar la deslumbrante trama, aunque sabe que es impropio decir que no ha leído el libro pero que ha visto la película.

Si el entrevistado es un académico nos enteran muy pronto de sus filias científicas y tras mencionar los tres libros que llevarían a la isla desierta nos endosan argumentos trascendentales, pero luego también quieren llevar a la isla algo más lúdico y nos cuentan de su colección personal que en comparación -sin duda-, la biblioteca de Alejandría se quedaba pequeña.

Cuando nos toca escritor en el menú, muy pronto conocemos cofradías. Tras enumerar tres títulos para llevar a la isla desierta llega de postre como cóctel de frutas una lista de libros que también llevaría al robinsoniano viaje el talentoso entrevistado, y en una suerte de charla de sobremesa nos deja saber que se ha leído todos los libros, por lo cual, a decir verdad: él relee.

Después de enterarnos de tanta maravilla leída, que de paso nos ahorran tener que leer tales libros porque ya nos contaron con pelos y señales la trama y las virtudes de los personajes, decíamos, no se sabe por que llevarían esos libros si ya los leyeron, y, cuando hay inéditos para ellos miles de libros con estupendas historias.

Ya se sabe, alguien de la nueva generación se ahorra llevar esos pesados adoquines de papel y todo lo resuelve con su iphone, su ipad o su computer portátil activados con placas fotovoltaicas incorporadas.

A todo esto, los entrevistados dan por hecho que la tal isla “desierta” es un oasis o una réplica del paraíso donde ya los están esperando con hamacas donde serán abanicados con ramas de palmeras por hawaianas danzarinas o unos príncipes nubios expertos en wellness. Dan por hecho que en la isla desierta les ofrecerán gastronomía cinco estrellas y todos sus antojos se complacerán con los últimos recursos high tech.

Si de verdad se tratara de una isla desierta, lo sabemos, no encontraremos más que arena, piedras y mar, la sobrevivencia pasaría por desalinizar el agua y abastecerse de frutos marinos. Los libros a llevar: un manual de agricultura para cuando logremos producir humus, un libro de bricolage, y en tercer lugar yo llevaría La Biblia. 

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